Quintay: de la caleta a la playa grande

Quintay es un poblado costero que se encuentra inmerso entre bosques, cerros y acantilados que se constituyen como los límites naturales que le dan a esta localidad un paisaje único. Los habitantes viven del mar, el rico recurso económico y turístico que define a este lugar. Por su parte  los veraneantes buscan aquí la tranquilidad que en otros balnearios más concurridos no encuentran.

El acceso a Quintay está ubicado en el kilómetro 93 de la ruta 68 que une Santiago y Valparaíso, donde se debe pagar un peaje de $600 CPL. Luego siguen 22 kilómetros que se internan en un paisaje rodeado de naturaleza con un camino pavimentado en perfectas condiciones, que finalmente sale al mar.

Historia en torno al mar

El nombre de este lugar se debe a las comunidades indígenas que antiguamente habitaban  este sector. Quintay es una palabra que en mapudungún significa “embarcación entregada al viento”, y que refleja la vida marina de los lugareños, vocación que perdura hasta el día de hoy. Sin embargo, no fue hasta el 1900 cuando los primeros habitantes arribaron a esta orilla, y se establecieron aquí las primeras familias de pescadores que, buscando costas mejores para trabajar, emigraron de Algarrobo y Valparaíso para encontrarse con la abundante fauna marina por la que destaca Quintay.

Al ser una bahía resguardada, aquí llegan muchas especies animales como peces, mariscos y mamíferos para reproducirse,: Quintay está ajena a la mano explotadora del hombre, por lo menos no tna violentamente como en otros balnearos . Es posible encontrar  congrios o erizos más grandes de lo habitual. Pero sobre todo, Quintay era una bahía que era utilizada como punto de migración por las ballenas, las cuales abundaban en la época de primavera.

Debido a la fama que adquirió esta caleta por los avistamientos de ballenas azules, es que en 1943 se instaló una ballenera de la mano de la empresa INDUS S.A., junto con lo cual Quintay comenzó a crecer, dando trabajo a cerca de 1000 personas. Esto trajo a muchos habitantes nuevos, pero los antiguos pescadores no cambiaron su oficio.

Aquí se capturaban a las ballenas con arpones cuya punta contenía una granada que producía la muerte instantánea del animal, y luego se faenaban para producir sebo, aceite, detergentes, jabones, carne e incluso peinetas. La ballenera de Quintay fue la más grande del país, y también la que más tiempo estuvo en funcionamiento;  cerró el año 1967 cuando se firmó un tratado que prohibía la caza de estos mamíferos casi extintos.

Las instalaciones de la ballenera estuvieron abandonadas por años, y con el tiempo y la acción de la brisa marina las estructuras se fueron mermando las estructura del solitario edificio. Pero el destino de este lugar cambió radicalmente cuando en el año 1997 se crea la Fundación Quintay, quien replanteó su figura destinandolo a convertirse en un santuario, con el fin

constituir un centro de sensibilización y promoción de una cultura de protección de la fauna marina.

En enero del 2011 fue inaugurado un centro de exposición fotográfica y audiovisual que pretende mostrar al público la rica biodiversidad marina que se ubica en los mares de la X a la V región. La exhibición denominada “Ecorregión Chiloense: riqueza de joyas únicas“, cuenta con el apoyo de Centro Ballena Azul (CBA) de la Universidad Austral, y WWF, una organización internacional que se dedica a proteger el medioambiente y la biodiversidad.

Quintay hoy

Pero la historia de Quintay sigue adelante, y hoy se emplaza como un lugar turístico que pretende entregar tranquilidad y aislamiento de la agitada vida urbana a sus visitantes. Quintay se divide en tres sectores: la caleta, el pueblo y la playa grande. En la caleta es donde se concentran los atractivos turísticos, y es donde se conserva el origen pesquero de sus habitantes.

En la caleta es posible observar la vida de los pescadores y su trabajo diario, ya que es aquí donde viven las familias. Pero también es posible degustar los secretos culinarios, ya que gran parte de las familias de los pescadores han puesto sus propios restaurantes donde sirven pescados y mariscos frescos, con una hermosa vista a la pequeña bahía acompañados del suave sonido del oleaje.

Hacia la punta sur de la caleta están las instalaciones de la antigua ballenera, donde hoy se puede acceder al museo y exposición por una entrada que cuesta $500 CPL. Desde aquí se puede apreciar el hermoso paisaje marino, junto con los acantilados que rodean la costa de Quintay.

Por último, en la caleta, también se ubican los clubes de buceo donde arriendan los trajes y equipos, y donde también se pueden tomar clases de buceo. Quintay destaca a nivel país por sus cualidades para practicar esta actividad, ya que el fondo marino tiene unas características únicas.

No sólo se puede apreciar la diversidad marina, sino también la historia hundida en las costas de Quintay, ya que hay barcos hundidos y restos de arpones del pasado ballenero. También hay muchos túneles y callejones que albergan una gran cantidad de picorocos, locos, erizos, jibias, esponjas gigantes, viejas, pejeperros y catañetas, entre otros.

En el sector del pueblo está la parte habitacional de Quintay, donde se pueden encontrar muchos arriendos de casas de veraneo desde $15000 pesos diarios, o también hay sector de camping y arriendo de cabañas.

El último atractivo de Quintay es la playa grande, que ofrece un kilómetro de extensión para disfrutar de un agradable momento junto al mar. Si bien la playa no es apta para el baño, el fuerte oleaje de este lado norte de Quintay, la hace un lugar atractivo para practicar surf. Cuando el sol comienza a descender se pueden ver a los surfistas con su tabla bajo el brazo llegar a este lugar.

La mejor época del año para visitar Quintay es durante la temporada estival, ya que el clima es más estable y promedia los 18°C de temperatura, pero también se recomienda en invierno a quienes gusten de la vida marina y los atardeceres en el mar.

Carolina Castro

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